Javier, ¿puede hablarnos de cómo fueron sus primeros pasos como futbolista?
En Argentina, y en toda Sudamérica, los niños juegan en la calle. Cuando se es pequeño no hace falta mucho más que unos amigos y un balón para divertirse y jugar. Ni siquiera hacía falta tener arco ni cancha, solo unos zapatos o sudaderas, para hacer los postes. Pasé mi infancia jugando así. Nunca olvidaré aquellos partidos de fútbol de niño. Lo único que importaba era divertirse con el balón.

¿Y quiénes eran sus ídolos en aquella época?
Seguía sobre todo a los jugadores de mi equipo, Talleres, de Córdoba, pero por televisión me gustaba ver a futbolistas como Riquelme. Me encantaba su forma de jugar. Batistuta también era uno de mis ídolos, porque yo también marcaba muchos goles, como él. De todas formas, creo que eran los ídolos de todos los chicos de Argentina en aquella época.

Ya hace varias temporadas que viste el dorsal número 27. ¿Tiene alguna significación particular para usted?
Es el número de la suerte de mi madre, y estoy orgulloso de llevarlo. Estamos muy unidos. También es un número que me gusta, y que me da buena suerte.

Después de Salvatore Sirigu, este verano se ha reencontrado con otro excompañero del Palermo, Edinson Cavani...
Es un placer enorme estar aquí juntos. En Palermo le di bastantes asistencias. Yo sabía que existía la posibilidad de que viniese a París, y cuando se concretó me alegré mucho. Es un amigo y un gran compañero. Me alegra que siempre esté ahí, un día tras otro, tanto en los entrenamientos como en los partidos. Espero que logremos grandes cosas juntos con el París Saint-Germain.